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Fuera del ombligo/Fernando Ayala [+]

ISBN-978-631-6709-09-7

Por Alberto Cisnero 

 

La mitad del trabajo supone escuchar y la otra, callar. Se intuye que mediante este simple mecanismo Fernando Ayala ha compuesto los presentes poemas, con detalle de orfebre y melancólico ritmo. “Arroz” (“arroz, noble servidor, almidón del país”) indaga acerca de cómo organizar el fundamento de la propia memoria colectiva y el tiempo y la sangre que pueden suceder a un sueño para que se haga sólido (“que en sus amores / juegue el deseo, porque todo lo demás, / ya está escrito.”); el autor integra una generación que escribe la derrota y la ilusión en la oscuridad, entre el bullicio del mundo y su cebo de espejos coloridos y que todavía procura mirar la tierra con una especie de asombro (“Los miedos no son coleccionables: / son sales, fermentos y rectitud”).

La sombra regresa donde tiene el corazón, leímos en alguna página de antaño. Podríamos añadir que regresa a ciertos lugares y recuerdos, formula teorías y narraciones (un pequeño mito) mediante las cuales explicar el universo y el papel que se desempeña en él (“Nada bueno crece en la oscuridad humana; / pero el mundo creció y estamos dentro”); y que postula aquello que la violencia le hizo (y le hace) a los hombres y mujeres en este dulce país de las picanas sobre panzas embarazadas, donde el pueblo todavía cubre sus necesidades básicas por medio del estómago de sus representantes y autoridades.

 
Fuera del ombligo

 

ISBN-978-987-4044-63-1

Decir no es empezar a pensar. Tras la épica de playmobiles que supusieron los noventas para los rapsodas nativos y que determinó un canon y su efectivo desenlace de lecturas o misales (o versos mansos sobre los niños, las vacas y el lago Nahuel Huapi, como denotara antaño un poeta britano) y tras los sucesos del año uno del siglo, si algún autor todavía profesase la ingenuidad o la deslealtad, intentaría fijar las palabras, los distintos tonos de negro, entre lo que sólo puede ignorarse o conjeturarse; y le pertenecerían menos que un sueño (“En los pocos espacios/ que va dejando el tiempo en tu corazón/guardá el poema, el que te quede oportuno,/porque cada vez hay más pasos/ en tu distancia, y los años son/ cuatro días de invierno”). Fernando Ayala forma parte de una generación cuya venganza consistió en sobrevivir a las denodadas exégesis de los claustros y los suplementos literarios (“Y andá tanteando ese barro/ que para monolito no nos da”). En “Fuera del Ombligo”, su tercer libro, pueden distinguirse muchas pequeñas fogatas en el horizonte y sin tornarse elegíaco o mendaz recorre la inquietud civil y la violencia de la época (“Poco crece en la oscuridad,/Que no

esté al acecho”). 

 

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Conurbano, mano de obra

ISBN-978-987-4044-23-5

 

Hay productos circunstanciales como la verdad o la poesía con los que tantos empeños se destruyen y se cobijan. A partir de un estilo resistente y hostil, Fernando Ayala, procura silencio, y se vale para lograrlo sólo de aquellas palabras que pueden servirle de recuerdo, para guardar algo que perteneció a alguien, no hay mención de quién, pero que todavía será evocado cuando ya nada irradie certeza, cuando ya nada sea hermoso ("Donde se deposita/ Un recuerdo/ Se reproduce la vida"). Entrando y saliendo del peligro sin que le espante el estrago, omitiendo la eficacia de las consignas o bien repudiando sus sugerencias, Conurbano, mano de obra propone, en primer término, la contemplación y después la lentitud y el sigilo, otro espacio imaginario donde el lector no sabrá qué día es ni cuando regresará al territorio conocido y neutro en el que distinguir tentación de providencia ("Sedes, mutuales, clubes/ Humanos, demasiado, humanos/ Conurbano, mano de obra").

Escribir, sugiere, es un pasatiempo ordinario, una forma igual a cualquier otra de verificar las debilidades y una simple cuestión de impulso arribar a las colisiones ("Si creés estar solo, empujá el picaporte").

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Tanto amor plateado

ISBN-978-987-4044-06-8

 

¿Es la ausencia la raíz de todas las cosas que importan?  En Fernando Ayala, el paisaje y sus marcas, sus tachaduras, comprenden una expresión personal, una identidad y a la vez, un deseo estético. Nos interrogan acerca de qué clase de literatura es aquella que no está sometida en igual medida a la avidez sensual de las palabras y a la fe en ellas. El propósito de los libros no es de este mundo; al leer Tanto amor plateado logramos evocar cómo partir hacia algún lado o malignar un recuerdo ("Buscamos que el cielo monótono nos diga,/ qué techo es mejor."), algo impreciso e inalcanzable donde el menor movimiento y la mirada se hunden más allá de las cosas conocidas y amables. ("Qué fácil es hablar de amor./ ¿Cuándo fue la última vez que comiste?") o el amparo de un mismo dolor que amenaza con aniquilar todo a su paso ("¿Quién nos dará el tiempo y la distancia,/ Quién se llevará nuestro mal? "). 

 

Hay veces en la que no dispone más que de una oportunidad para decir algo: ("No alcanza con hacer las cosas bien, si estás solo"); cada poema, como una herida o un afán, crece donde no hay nada certero. El autor nunca pierde de vista aquello que supo escribir un diácono anglicano, matemático e insular: No importa el significado de las palabras, lo que importa es saber quién manda.

 

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Fernando Ayala
Fernando Ayala
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