Recuerda la tierra/ Alicia Waisman [+]
ISBN-978-631-6709-05-9
Por Alberto Cisnero
Alicia Waisman comienza “Recuerda la tierra” por el final: “Me enteré de su muerte a través de un compañero. Escribí y reescribí este inicio durante tres años, al menos. Lo daba vuelta, lo suprimía, volvía a insertarlo, lo cambiaba de lugar, nunca quedaba satisfecha. Y así con casi todo. Alguna vez dijimos que teníamos una historia. Acá está.” Con parsimoniosa letanía y en un registro sin altisonancias que enfatiza la expresión directa del habla, la novela da cuenta de la vida de dos personas que se enamoran a la vez que se proponen escribir un libro sobre el pasado malevo y feroz del protagonista masculino principal: los fantasmas de la historia nacional, léase los setentas y los resabios de una derrota generacional y política recorren ambas circunstancias ficcionales como un enigma que examina los límites de la representación textual. En su faceta más concreta el idilio que se narra transcurre en la clandestinidad (él, padre amantísimo y esposo ejemplar; ella, viuda, dramática y curiosa), con las añadiduras que ofrecen las redes sociales, la militancia y el carácter siempre peligroso del amor y sus aspectos prácticos; como en todo hecho en el que se cede a las debilidades del corazón o a la astucia del sentido, emergen el anhelo y la esperanza mediante las cuales ejercer actividades tan humanas como mirar, tocar, desear; y también el sobreentendido, la complicidad y el encubrimiento. Los protagonistas ya pasaron las seis décadas en el tercer planeta del sistema solar y si algo aprendieron es la clave sentimental, la nobleza rebelde que conllevan ciertas experiencias: no se vive ni antes ni después.
Suite francesa 1857-1968
ISBN-978-987-8952-64-2
Por Jorge Aulicino
“Suite francesa 1857-1968” de Alicia Waisman es una glosa de cierta literatura francesa, a caballo entre fines del siglo XIX y el “mayo francés” (esto es, parisino) de 1968. Una apelación a la música, al sueño,
a un mundo complejo que terminó con un quejido (no con una explosión, como predijo Eliot,
el sabio de bombín).
Luminosas y tal vez trágicas habitaciones, concisas, aventuradas; tal la imagen de la suite y su equivalente literario, la saga. No habrá vida después de mañana, predice este libro: "Marcel [Proust] transcurre en el tiempo del arte". Lo cual, si somos literales —aunque conviene no serlo— significa que hay un tiempo otro, tal vez sobre el tiempo y el estrago final que no nos devolverá al pasado, pero tampoco nos llevará
a un futuro: pasados y futuros serán cosmos, con crash o con quejido, incluso suspiro.
"Sus dedos finos y blancos / palpan/ huelen/rozan/acarician / poesía / donde no la hay." Estamos ante una suite que también es una morada con varias dependencias, ventanas tenuemente iluminadas.
Donde no había poesía, la autora la ha encontrado.
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