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Virginia Caramés
Las cuerdas de Jacobo/ Virginia Caramés [+]

ISBN-978-987-8952-49-9

Un escritor norteamericano que desayunaba de la botella mientras firmaba pequeñas obras maestras del todavía llamado “género policial” legó, para quienes por candor o desesperación, quisieran inmiscuirse en los siempre caóticos asuntos de la escritura, un conjunto de postulados que la presente novela de Virginia Caramés, “Las cuerdas de Jacobo”, no desmienten, a saber: “la situación original y el desenlace deben ser verosímiles”, “los personajes, el ambiente y la atmósfera deben ser realistas” y “aparte de los elementos de misterio, la intriga debe ser consistente como historia”, por mencionar sólo tres puntos de ese decálogo demasiado famoso.

El libro recorre cincuenta años de historia y territorios de argentina y de una ciudad próxima, situada en otro país; sus personajes, —incluido el Poeta (mítico, asilado) al que se alude en el título, partícipe involuntario de un delito y de las delicias siempre ominosas que encierra el mercado del arte y del hampa—, hombres y mujeres curtidos, habitantes del conurbano bonaerense,  transcurren los días  en sus serenas vidas suburbiales mientras participan de la comisión de un robo que después de una serie de acciones y desengaños hará aflorar la corrupción, el crimen y la locura. Hay un río (o dos), una ciudad bajo las aguas, un poeta justamente recordado, unos dibujos que implican mucho dinero y como era inevitable, alguien muere al final. Quien leyere ya no podrá felicitarse por la pureza de su mente.

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Aves, moscas y otras máquinas

ISBN-978-987-8952-23-9

Virginia Caramés en “Aves, moscas y otras máquinas”, desechando las exégesis de poetas parroquiales (sufren mucho, piden su óbolo: confidencias, miserias, querellas) y las apariencias tras los elementos figurativos del lenguaje, escribe sobre algo que siempre está ocurriendo muy lejos: en la página; y se demora en responder a ese conjuro antiguo, porque intuye que todavía una vez, un verso puede vivir mucho tiempo frente a los ojos de un hipotético lector (“La voz partida será tu antorcha/ —o mejor— tu talismán”). De alguna manera interpela a quienes fuesen a leer: ¿querían una lengua, un sistema, tocar un límite? requiere nada, hagan prueba de sí cuando las noches imperan (“Extraviarse/ muda/ desnuda/ en cuál barro/ cuál”); y desarrolla una idea peregrina: en el relato de algún caminante es posible devenir pródigos en aventuras y en hallazgos y tomar nota de las palabras (“compases desordenados”) que ofrece el libro ayuda a repeler el miedo y el tiempo y a recordar, exacto, un día, un nombre, una luz tardía. Porque la vida limita al arte y una sola línea sincera basta para distinguir la propina de la limosna. Así suele dictarlo el corazón (“Acerca del camino/ Le pregunté/ Porque era tarde”).

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Virginia Caramés
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